Pareció como si toda la vida quisiera darme señales de que me levantara de todas maneras, que algo bueno iba a suceder. La luz se prendió sola, la televisión le siguió, mi reloj empezó a vibrar una y otra vez... eran las 9.30 y todo en el universo quería que me pusiera de pie, menos yo.
El miedo a que no salieran las cosas bien se pegó a mis sábanas y yo me pegué a ellas.
Cuando pude resistir la tentación de no existir un rato más, me di cuenta de algo: nadie va a venir a salvarme, nadie va a tomarme la mano y enseñarme a enfrentar mis demonios. Esto es una batalla que debió suceder 10 años atrás, así que no solo estoy peleando contra mis demonios, sino contra el óxido en lis Articulaciones, contra el sedimento de las creencias que me han protegido.
Así que el día de hoy fui al gimnasio y como burlándose de mí el destino puso canciones de cuando era un niño en mis audífonos. No las cambié, dejé que retrocediera el segundero un momento. Era yo cumpliendo una pequeña promesa que le hice a un niño pequeño subido en una caminadora. Le prometí que iba a ser un héroe y los héroes enfrentan sus miedos, los cargan y hacen sentadillas con ellos sobre sus hombros.
Tengo mucho miedo. La vida empezó golpeándome, pero estoy aprendiendo a poner las manos por primera vez.
