lunes, 5 de enero de 2026

el miedo pesa (5 de enero)

Si, desperté ansioso y con miedo. El sueño no tuvo muchas ganas de visitarme incluso con el doble de pastillas para dormir. Mi cabeza daba vueltas en una rueda de la fortuna y yo con pánico a las alturas.

Pareció como si toda la vida quisiera darme señales de que me levantara de todas maneras, que algo bueno iba a suceder. La luz se prendió sola, la televisión le siguió, mi reloj empezó a vibrar una y otra vez... eran las 9.30 y todo en el universo quería que me pusiera de pie, menos yo.

El miedo a que no salieran las cosas bien se pegó a mis sábanas y yo me pegué a ellas.

Cuando pude resistir la tentación de no existir un rato más, me di cuenta de algo: nadie va a venir a salvarme, nadie va a tomarme la mano y enseñarme a enfrentar mis demonios. Esto es una batalla que debió suceder 10 años atrás, así que no solo estoy peleando contra mis demonios, sino contra el óxido en lis Articulaciones, contra el sedimento de las creencias que me han protegido.

Así que el día de hoy fui al gimnasio y como burlándose de mí el destino puso canciones de cuando era un niño en mis audífonos. No las cambié, dejé que retrocediera el segundero un momento. Era yo cumpliendo una pequeña promesa que le hice a un niño pequeño subido en una caminadora. Le prometí que iba a ser un héroe y los héroes enfrentan sus miedos, los cargan y hacen sentadillas con ellos sobre sus hombros.

Tengo mucho miedo. La vida empezó golpeándome, pero estoy aprendiendo a poner las manos por primera vez.

domingo, 4 de enero de 2026

proceso de limpieza

Me prometí volver a escribir en mi diario de lo cotidiano porque a mis 37 años requiero más que nunca voltear a ver donde no lo había hecho. 

Hace mucho tiempo pensé que existir me hacía merecedor de mis sueños, que mi casa se limpiaba sola y la escoba se movía como en las películas de Disney, al compás de un hechizo.  Porque creí que cada centavo que entraba en mi bolsa era para mi beneficio, porque el presente es lo que importa. Porque pensé que mi mamá sería eterna y por alguna extraña razón, pensé que mi cansancio era más profundo que el suyo, que tenía más derecho a ser feliz y que no tenía nada de malo sentirme apoyado. 

2026, me sacudiste como un terremoto. Me dejaste sin centavos y con mucho miedo a la escasez, se terminó la batería de mi escoba y me di cuenta que el granero en donde habitada sí era una consecuencia de mis hábitos de limpieza y me quitaste la venda de los ojos, mamá está cansada y jamás se quejó en toda su vida de cargar con el peso de su propia vida y sumarme de mancuerna por puro amor. 

Comienzo mi diario de lo cotidiano entendiendo que requiero limpiar. Tomar la escoba con mis manos y desempolvar mis demonios, tal cuál como lo hago con el piso. Permitir que el agua borre las manchas en la cocina y en mi pasado y limpiar los trastes sucios, como mis creencias.

Una acción tan pequeña como hacerme cargo me deja probar todo el ejercicio emocional del que me he perdido toda mi vida, pensando que soy un hombre privilegiado.

Hoy no tengo privilegios y sí una desventaja enorme en un marcador que voy a remontar, porque me amo y sobre todo porque la gente en mi vida merece la mejor versión de mí, igual que yo he creído merecerme todo solo por existir.

Gracias vida por obligarme a voltear a ver...